Escoger opciones sanas, lógicas, justas, poco impactantes a nivel ambiental, etc. es un derecho que todos deberíamos exigir más a menudo. Pero las prisas, la poca disponibilidad de tiempo para analizar alternativas, la necesidad de acumular bienes para sentirnos más seguros con nosotros mismos… no nos permiten asumir nuestro papel de consumidores responsables y exigentes. Aunque anteriormente ya me preocupaba escoger bien y buscaba productos mejores, más sostenibles; muchas veces me dejaba llevar por el ritmo frenético del día a día. Pero cuando estás a punto de ser madre, digamos que tu sentido de la responsabilidad se agudiza aún más.

Hace ya un mes y una semana que mi pareja y yo somos padres de un niño, Aran. Entre los preparativos para esta etapa de nuestras vidas, que no son pocos, se encuentra la necesidad de adquirir una gran cantidad de productos para cuando el bebé haya nacido. Siguiendo los estándares habituales, tener un hijo actualmente es sinónimo a una ruina económica y un gran impacto ambiental; a no ser que asumamos nuestro papel de consumidores racionales y escojamos mejor. El resultado será, no únicamente un menor coste económico, sino un entorno más idóneo para el bebé (tanto ahora como en el futuro).

En primer lugar, no hace falta preparar una habitación en la que todos los muebles sean nuevos y específicos de bebés. Nosotros hemos tranformado nuestro estudio en una habitación para Aran y para ello sólo hemos comprado una cómoda. En un principio buscamos en los Encantes algún mueble para restaurar, pero no eran prácticos. También buscamos alternativas “eco” en webs de muebles ecológicos pero eran muy muy caros. Así que en muchos casos lo importante es buscar una alternativa que sea práctica, que cumpla su función y que más adelante pueda servir como mueble normal en casa. Eso hemos hecho. Por otro lado, también hemos visitado algunas tiendas de segunda mano en las que hemos conseguido, por ejemplo, un pie de lámpara de madera al cuál hemos añadido una pantalla nueva. Al final, una lámpara verde de pie muy bonita y económica. ¿Y el resto de muebles? Una mecedora de la familia restaurada y armarios y muebles que ya teníamos y que hemos “tuneado” para su nueva función.

En segundo lugar, cabe dedicar un apartado específico a la adquisición del carricoche, silleta del coche, etc. Una vez te has aclarado con las marcas de cochecito, resulta que los precios son disparatados. El cuco-carricoche sólo se usa unos pocos meses y es muy caro. En este caso nosotros descubrimos la tienda Marmota baby en Gracia. Allí encontramos un carricoche con todos los complementos de segunda mano, pero en muy buen estado… y nos costó una tercera parte que uno nuevo. Ya no se trata únicamente de gastar más o menos dinero, sino de gastarlo de manera responsable.

En tercer lugar, la creatividad no puede faltar. Un toque personal a partir de manualidades es también un recurso a aplicar para el espacio del bebé. Nosotros construimos un móvil con animales recortados. Por otro lado, la reutilización de muebles ya existentes en casa también es una prueba de creatividad, que además de ser económica y ecológica, nos permitirá evitar la acumulación de trastos “unifunción” en casa.

En cuarto lugar, y siguiendo con la tónica del primer consejo… no hace falta comprar todos los trastos que necesita un bebé. Seguramente que estamos rodeados de amigos y familiares que tienen niños y que muy probablemente nos pueden prestar el cuco (que sólo dura unos pocos meses), la hamaquita, la silleta del coche e incluso la ropa de los primeros meses que normalmente se mantiene muy nueva porque los bebés crecen tan rápido que suelen usarla muy poco. Es cuestión de ahorro de recursos, también económicos. Compartir lo que tenemos con los demás permite reducir el consumo insaciable de complementos varios… que además, en el caso de los bebés, suelen ser excesivos. Pero ¿qué le puede negar un padre y una madre a sus hijos? Pues lo que no lo puede negar es una sociedad más justa, equilibrada y sostenible. No creo que el bebé le dé importancia a usar un body que antes usó otro, ¿no?

Hasta aquí, recapitulando: evitar comprar sin mirar a nuestro alrededor (qué nos pueden prestar, qué podemos aprovechar de lo que ya tenemos, qué podemos comprar de segunda mano y qué podemos comprar con criterios sostenibles?), ser creativo y, para acabar, una vez el bebé ha nacido, reducir al máximo el impacto ambiental asociado a su día a día… que no es poco.

Así que, en quinto lugar, los pañales se convierten en un residuo difícil de tratar, muy contaminante y de uso masivo. Al día, un bebé puede llegar a necesitar el uso de entre 5 y 10 pañales. Multiplicad eso por los días de la semana, por las semanas de un mes, por los meses de un año y todo por un par de añitos (aprox.) y el resultado es descomunal. Y aún más impactante a nivel ambiental si estos pañales resultan ser imposibles de reciclar y se convierten con cada pis, pedete con cola o caca en un residuo ambiental de gran impacto. Al respecto, nosotros estamos usando, en los primeros meses, unos pañales biocompostables, es decir, con materiales naturales 100% que pueden ser reciclados y aprovechados como materia orgánica. Además, el bebé se ve muy beneficiado porque se evita el contacto de plásticos y otros químicos sobre su delicada piel. Esta opción es más cara que la de los pañales convencionales… pero es una alternativa lo suficientemente lógica e inocua. Más adelante nos planteamos el uso de pañales de tela reutilizables (como los Tucuxí), una opción muy asentada en otros países de Europa y que aquí sigue sonando como volver al pasado y no como un paso hacia un futuro mejor. Todo es cuestión de probar. Cuando lo hagamos, ya os diré qué tal.

No podía finalizar este post sin nombrar la lactancia materna como una manera de alimentar a nuestro hijo con muchos beneficios relacionados con la salud y las emociones, además de nuestro entorno y economía familiar. He descubierto que mis “pechos” son un ecodiseño natural increíble, que se autoregulan en función de lo que el bebé necesita, que evita la necesidad de biberones y que supone la mejor alimentación que le podemos dar a nuestros hijos. Así que a las futuras mamás sólo aconsejarles que sean pacientes, sobre todo al principio. Porque finalmente vale mucho la pena dar el pecho.

En definitiva, tener un hijo no puede igualarse a impacto ambiental nulo. Pero lo que sí podemos hacer es minimizar al máximo dicho impacto ambiental para mejorar así el entorno en el cual nuestro hijo y nosotros mismos hemos de vivir. Además nuestro bolsillo finalmente nos lo agradecerá. Para acabar este post, a modo de despedida pre-vacacional hasta septiembre, quería compartir todas las ideas, productos y ecodiseños relacionados con los bebés y los niños que he ido acumulando en mi delicious durante todo el periodo del embarazo y a lo largo de las primeras semanas de vida de Aran.

Como se puede comprobar en esta foto de Aran (y su padre), la mejor manera de predecir el futuro, es diseñarlo. Es actuar. Es provocar. Es avanzar hacia un modelo más sostenible y lógico, mejor. Quizás así, en un futuro no muy lejano, escoger un producto no quiera decir tener que elegir entre uno socialmente justo y uno que promueve la explotación infantil; o entre uno saludable y poco impactante y otro tóxico y contaminante. Espero que algún día lo que tengamos que escoger sea más subjetivo como un “color”, un “diseño”… pero no una obviedad como es la salubridad, impacto y coherencia ambiental de un producto o servicio. Se lo debemos a nuestros hijos, a nosotros mismos y a nuestro planeta. ¡Felices vacaciones!. Playita, allí vamos…