Hoy, en el suplemento “Vivir” de La Vanguardia he leído una “opinión” muy interesante de ‘la mosca del fad: Hasta los tímpanos’. Y me ha encantado. No suelo encontrarme con reflexiones sobre diseño y ruido. Y ahora que soy madre y soy más consciente del ruido que nos rodea en nuestro día a día, me encanta ver cómo los diseñadores tienen en cuenta la minimización del ruido como un criterio más de sus diseños. O así debería ser.

Transcribo tal cual la opinión del FAD (Foment de les Arts i del Disseny).

‘Hasta los tímpanos’

‘Hace unas semanas el Ayuntamiento de Barcelona anunciaba una serie de medidas para reducir el ruido derivado del aumento de la actividad nocturna durante los meses de calor. Entre estas se incluyen la realización de mediciones sonoras y una campaña de concienciación. Ambas medidas resultan loables, pero el problema del ruido en las ciudades (que, por supuesto, no se limita a los efectos del ocio nocturno) es mucho más grave y complejo. Cada vez son más los ruidos residuales, o sencillamente gratuitos, que inundan nuestras urbes: cláxones, sieras, ubicuos hilos musicales, motocicletas con un nivel decibélico infernal (por cierto, ¿alguien ha llegado a comprender cómo funciona exactamente la mente de esa tipología de motociclistas que modifican el tubo de escape para que haga más ruido?)… Son algunos ejemplos de la multiplicidad de fuentes sonoras a las que estamos expuestos diariamente. Las consecuencias de la contaminación acústica son sobradamente conocidas, y la OMS nos las recuerda periódicamente: problemas de audición, incremento del riesgo de enfermedades cardiovasculares, insomnio, estrés, problemas psicológicas diversos, disminución del nivel de concentración, un desarrollo cognitivo más lento de los niños… La lista podría seguir unas cuentas líneas más…

No hay duda de que el civismo tiene parte de la respuesta al problema de la polución sonora (especialmente, desde que los móviles han convertido el espacio público en un gran locutorio comunitario), pero una actuación integral que se progonga de verdad reducir los niveles de ruido en las ciudades requiere un análisis detallado y exhaustivo. Y si escribimos estas líneas es porque pensamos que, más allá de acciones aisladas y de aplicar el sentido común, el diseño (como en tanas otras cosas) también puede ayudar a solucionar o, por lo menos, paliar el problema. Pensemos por ejemplo en la terrible acústica de muchos locales u otros espacios cerrados, en el timbre y el volumen completamente insensatos de determinados dispositivos electrónicos o en los ruidos producidos por tantos otros productos mal diseñados desde la perspectiva acústica. La corrección de estas cosas contribuiría a reducir sustancialmente los niveles de ruido de nuestras ciudades. Y es que, no nos cansamos de repetirlo en estas páginas, diseñar (como forma de pensar que es) no es una actividad cualquiera: es un requisito indispensable para que laas cosas funcionen correctamente. Para el oído también.’