Seguro que tenéis algún guante que se ha quedado sin compañero, que lo perdió en una excursión por la montaña, o por la ciudad. Un guante que se muere de aburrimiento en el cajón de los calcetines desaparejados, y que no sabes por qué no puedes tirar: un recuerdo, un color que te gusta, un “quizás acabo encontrando la pareja” o bien “no lo tiro aún, tal vez le pueda dar algún uso”. Bueno, pues esta última posibilidad ya tiene respuesta. Puedes convertir tu guante solitario en una ardillita graciosa. Un domingo por la tarde, una película en casa, una caja de la costura y en unas horas (dependiendo de vuestra agilidad con el hilo y la aguja) puedes transformar algo en desuso en un nuevo “peluche”. Yo lo intentaré… ¿vosotros?…

Fuente: Dinner for Mouschi