Llevaba tiempo buscando la manera de fabricarme unas targetas profesionales muy personales, que además fueran lo más sostenibles posible. La idea más usada hasta ahora es imprimirlas en papel reciclado, pero no me convencía… Así que seguí dándole vueltas. Y, no recuerdo cómo, se me ocurrió: “¿Y hacer un tampón o sello con la información?”. Esto me permitiría “dejar huella” en diferentes superficies, todas ellas usadas y a punto de ser un residuo: flyers, targetas de transporte público gastadas, entradas al teatro, etc. De esta manera cada targeta sería diferente, aprovecharía un material de base ya existente y en desuso, y además me lo pasaría bien haciéndolas yo misma.

Y bueno, de lo dicho y pensado, a lo hecho. Me planté en una tiendo de grabadores profesional. Es un universo a explorar, lleno de cajoncitos y de carteles para indicar qué se prohibe y qué no. Y resulta que te pueden hacer grabadores de lo que quieras, imágenes incluidas. Yo decidí el tamaño y el color de la tinta (negra), y en unos días ya lo tenía. No llegó a 30 euros… y desde entonces he fabricado muchas targetas. Aún estoy buscando el método, pruebo materiales… pero cuando entrego mi targeta nadie se queda indiferente… Creo que he conseguido lo que buscaba: en esta targeta no encontrarás únicamente una manera de situarme y saber qué hago, sino que también comprobarás que se puede ser sostenible, profesional y coherente a la vez. Y además, pasarlo bien. He aquí las targetas que he fabricado de Quincalla, esas “otras cosillas” que hago con mi tiempo. Aunque ya os digo que sigo probando, probando… Se admiten y se ruegan sugerencias. Mientras, seguiré acumulando papelitos destinados a la papelera… y haré targetas. ¡A estampar!